En la vida de un escritor siempre se encuentra una mente confusa colapsada por la lucha ideológica que da rienda suelta a pensamientos sin fin.
A todo mundo le agrada que otra persona le pueda entender, pero ¿quién entiende al entendedor? la triste realidad es que el mismo escritor no establece su personalidad.
Cada vez se enfrenta a algo nuevo que lo seduce y los lleva a profundos pensamientos mientras en la orilla de su vida se ahoga, azotado por las fuerte olas.
Se encuentra en una costa sin fin, en la cual sólo se puede divisar, mas no se puede llegar a ese paraíso terrenal. Al horizonte tan sólo ve lo que quiere llegar a ser.
Cuando un escritor ofrece su obra, en ella se encuentra algo más que palabras, allí se encuentra vaciada toda una descarga de sentimientos, emociones y una vida entregada. El escritor se queda sin nada, todo lo ha entregado.

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