El valor de la palabra está
unido al nacimiento de los pueblos, a los mitos indígena, a la creación del
mundo, a los ritos sagrados y ancestrales en los que la palabra no puede ser
modificada. Pero su trascendencia no termina aquí. Como herramienta, ella asegura
nuestra interacción con los seres que nos rodean. Es evidencia de nuestro humor,
de nuestras costumbres, de nuestras tradiciones, de nuestros valores, de
nuestra capacidad creativa. Es la mejor arma para defender nuestro punto de
vista frente a posiciones contrarias y herramienta fundamental para convencer a
los demás.
Es también símbolo de la fe,
del amor y de la paz. Es tan importante que hay expresiones que manifiestan ese
valor: mi palabra es sagrada. La
palabra misma es símbolo del compromiso adquirido: palabra de honor, te doy mi palabra y expresión de la valoración
del otro: esa es una mujer (o un hombre)
de palabra… También hay expresiones populares, usadas muy ocasionalmente,
en las que el término palabra combinado con otros vocablos forman significados
de gran relevancia social y cultural: su
palabra vaya adelante; a palabras necias, oídos sordos; a buen entendedor,
pocas palabras bastan.
Algo
para recordar
Frente al excesivo uso de
palabras procedentes de otras lenguas es aconsejable estimular la lectura de
las grandes obras escritas en nuestro idioma y promover el aspecto cultural con
nuestras propias costumbres y tradiciones. Esto es lo que nos identifica frente
al mundo. Todos, sin diferencias, tenemos una responsabilidad: reforzar nuestra
identidad sociocultural a través del reconocimiento que merece la forma de
expresión del venezolano.

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