“Una palabra cualquiera elegida al azar, puede funcionar como palabra mágica de desenterrar campos de la memoria que yacían bajo el polvo del tiempo. “Gianni Rodari
Las palabras permiten
organizar nuestras múltiples experiencias, expresar nuestros sentimientos e
ideas, convivir con los otros, jugar, fantasear, soñar. Este mundo posible podemos
inventarlo porque las palabras son mágicas.
En este fascículo veremos el
valor de la palabra en diferentes contextos, la creación de vocablos para satisfacer
nuestras capacidades expresivas, los recursos lingüísticos que utilizamos para
derivar y componer nuevas palabras y expresiones, para inventar juegos. Entrar
en este camino permitirá enriquecer que nuestras capacidades expresivas
nuestras potencialidades creativas.
A través de la palabra nos
acercamos a la realidad actual de nuestra lengua y comprendemos el valor que cada
una adquiere en sus usos cotidianos. Entraremos en el mundo expresión popular y
familiar venezolano. Trataremos de captar su espontaneidad y vivacidad.
¿Por
qué las palabras son mágicas?
La capacidad creativa del
ser humano nos instala en un mundo mágico en el que es posible interacción, la
alegría, el sueño, el juego, la convivencia, a través de la palabra. Y
sorprende que esto lo podamos lograr a partir de recursos limitados: vocales y
consonantes, cuyas múltiples combinaciones permiten crear espacios infinitos en
con estos diversos conectados con la realidad. Esa magia explicar el asombro
del profesor Ángel Rosenblat, cuando se pregunta: “¿cómo puede la palabra, un
soplo sonoro que se desvanece en el aire transmitir el amor, el odio, la
alegría o el dolor?...” para este estudio de la lengua es además sorprendente
que es ese soplo se fije también bien en el papel, pergamino o celuloide y
viaje por todas las lejanías y se perpetúe por los siglos en obra como El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la
Mancha o Doña Bárbara, para citar
sólo dos ejemplos del campo de la literatura en los que se demuestra muy ampliamente el porqué de la magia de las
palabras: con ellas podemos crear mundos fantásticos, derivados de nuestra
imaginación y nuestros conocimientos.
Para
compartir
El fin último último de la
enseñanza de la lengua debe propiciar en el niño o en el joven el desarrollo de
capacidades mentales que les permitan aprehender el mundo que los rodea y hacer
un uso efectivo de sus potenciales lingüísticas. El centro del trabajo
pedagógico no puede ser el conocimiento teórico y abstracto de reglas y clases
de palabra. Por esto, el docente debe conocer en toda su dimensión lo que es el
manejo del lenguaje para todo el ser humano en situaciones conectadas con sus
intereses reales. Sobre esta base propiciará actividades en las que los alumnos
no sean receptores pasivos de conocimientos, sino seres creativos, capaces de
dar su opinión, de mostrar quiénes son como personas; de expresar su curiosidad
acerca del porqué de las cosas; de inventar mundos posibles a través de la
palabra.







