domingo, 29 de abril de 2012

La magia de las palabras




“Una palabra cualquiera elegida al azar, puede funcionar como palabra mágica de desenterrar campos de la memoria que yacían bajo el polvo del tiempo. “
 Gianni Rodari

Las palabras permiten organizar nuestras múltiples experiencias, expresar nuestros sentimientos e ideas, convivir con los otros, jugar, fantasear, soñar. Este mundo posible podemos inventarlo porque las palabras son mágicas.

En este fascículo veremos el valor de la palabra en diferentes contextos, la creación de vocablos para satisfacer nuestras capacidades expresivas, los recursos lingüísticos que utilizamos para derivar y componer nuevas palabras y expresiones, para inventar juegos. Entrar en este camino permitirá enriquecer que nuestras capacidades expresivas nuestras potencialidades creativas.

A través de la palabra nos acercamos a la realidad actual de nuestra lengua y comprendemos el valor que cada una adquiere en sus usos cotidianos. Entraremos en el mundo expresión popular y familiar venezolano. Trataremos de captar su espontaneidad y vivacidad.


¿Por qué las palabras son mágicas?

La capacidad creativa del ser humano nos instala en un mundo mágico en el que es posible interacción, la alegría, el sueño, el juego, la convivencia, a través de la palabra. Y sorprende que esto lo podamos lograr a partir de recursos limitados: vocales y consonantes, cuyas múltiples combinaciones permiten crear espacios infinitos en con estos diversos conectados con la realidad. Esa magia explicar el asombro del profesor Ángel Rosenblat, cuando se pregunta: “¿cómo puede la palabra, un soplo sonoro que se desvanece en el aire transmitir el amor, el odio, la alegría o el dolor?...” para este estudio de la lengua es además sorprendente que es ese soplo se fije también bien en el papel, pergamino o celuloide y viaje por todas las lejanías y se perpetúe por los siglos en obra como El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha o Doña Bárbara, para citar sólo dos ejemplos del campo de la literatura en los que se demuestra  muy ampliamente el porqué de la magia de las palabras: con ellas podemos crear mundos fantásticos, derivados de nuestra imaginación y nuestros conocimientos.


Para compartir

El fin último último de la enseñanza de la lengua debe propiciar en el niño o en el joven el desarrollo de capacidades mentales que les permitan aprehender el mundo que los rodea y hacer un uso efectivo de sus potenciales lingüísticas. El centro del trabajo pedagógico no puede ser el conocimiento teórico y abstracto de reglas y clases de palabra. Por esto, el docente debe conocer en toda su dimensión lo que es el manejo del lenguaje para todo el ser humano en situaciones conectadas con sus intereses reales. Sobre esta base propiciará actividades en las que los alumnos no sean receptores pasivos de conocimientos, sino seres creativos, capaces de dar su opinión, de mostrar quiénes son como personas; de expresar su curiosidad acerca del porqué de las cosas; de inventar mundos posibles a través de la palabra.

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